Hace exactamente 40 años, millones de argentinos lloraban, gritaban y se abrazaban frente a un televisor. En el césped del Estadio Azteca, la Selección dirigida por Carlos Bilardo acababa de vencer 3 a 2 a Alemania y conquistaba el Mundial de México 1986 con Diego Armando Maradona como máximo emblema.
Mientras los campeones comenzaban la vuelta olímpica, un hombre vestido con la camiseta albiceleste corría entre ellos sosteniendo la Copa del Mundo. No figuraba en la lista de 22 convocados, tampoco había jugado un solo minuto del torneo. Sin embargo, durante varios minutos fue uno más. Ese hombre era Gustavo Jorge Ripke, un exfutbolista muy conocido en Santa Fe que, gracias a una mezcla de audacia, pasión y oportunismo, terminó viviendo desde adentro la celebración más importante de la historia del fútbol argentino.
Con el paso del tiempo fue bautizado como el “jugador número 23” o el “jugador fantasma”, una leyenda que volvió a cobrar fuerza décadas después, cuando una fotografía publicada por Maradona en sus redes sociales despertó la curiosidad de miles de hinchas que intentaban descubrir quién era ese desconocido que aparecía abrazado a los campeones.
De Boca y Colón al sueño mundialista
Mucho antes de aquella escena inolvidable, Ripke había recorrido un camino en el fútbol profesional. Nació en Temperley, hizo las divisiones inferiores en Boca Juniors, donde compartió la Reserva con Rubén “Chapa” Suñé, pasó por Aldosivi de Mar del Plata y luego llegó a Colón de Santa Fe, donde disputó cerca de un centenar de partidos entre 1971 y 1973.
Su carrera prometía mucho más, pero una grave fractura de tibia y peroné lo obligó a retirarse cuando apenas tenía 25 años. El golpe fue duro. Con el tiempo se instaló definitivamente en Santa Fe y se dedicó a la fabricación de indumentaria deportiva, aunque nunca perdió la pasión por el fútbol.
El plan perfecto
Cuando decidió viajar a México para presenciar la final del Mundial, llevó algo más que una entrada. En su equipaje guardó una camiseta oficial de la Selección argentina, el pantalón y las medias. No sabía si tendría la oportunidad, pero quería estar preparado.
Durante años contó que, cuando Jorge Burruchaga convirtió el tercer gol argentino, sintió el impulso de ingresar al campo. Se contuvo. Esperó el pitazo final del árbitro brasileño Arnaldo Cezar Coelho.
Entonces no dudó.
Atravesó las plateas, saltó un foso de varios metros, esquivó a periodistas y llegó corriendo hasta el centro del campo para abrazar a Diego Maradona.
“Cuando terminó el partido crucé las tribunas, salté el foso y fui derecho a abrazar a Diego”, recordó tiempo después.
El campeón que nadie conocía
Vestido exactamente igual que los jugadores argentinos, nadie le pidió una credencial. Nadie lo detuvo.
Los fotógrafos lo retrataron entre los campeones, levantó la Copa del Mundo junto a Maradona durante parte de la vuelta olímpica, ingresó al vestuario del Estadio Azteca y abrazó uno por uno a los futbolistas que acababan de hacer historia.
Lo más curioso ocurrió cuando regresó al campo de juego.
Los hinchas comenzaron a pedirle fotos convencidos de que era uno de los campeones del mundo.
“Muchos me preguntaban quién era. Yo les respondía: ‘¿Cómo? ¿No me conocés?’… y los dejaba con la duda”, recordó entre risas en una entrevista concedida años después.
La foto que lo volvió inmortal
La historia parecía destinada a quedar como una anécdota entre amigos hasta que, en 2020, Diego Maradona publicó una fotografía de los festejos junto a Pedro Pasculli.
En la imagen aparecía un tercer hombre con la camiseta argentina. Su rostro estaba parcialmente tapado por un emoji, pero alcanzó para que las redes sociales estallaran con una pregunta: ¿quién era ese supuesto jugador?
La respuesta sorprendió a todos. Era Gustavo Jorge Ripke, el santafesino que había conseguido infiltrarse en el festejo del Mundial de México 1986.
Hoy, a cuatro décadas de aquella conquista inolvidable, su historia sigue siendo una de las más insólitas del deporte argentino. Nunca integró oficialmente el plantel campeón, pero durante algunos minutos compartió el césped, la Copa y la gloria con Diego Maradona.
Por eso, para miles de hinchas, Gustavo Ripke será para siempre el campeón número 23 del Mundial de México 1986.


