Se cumple un mes del ataque a balazos ocurrido en la Escuela N° 40 Mariano Moreno, en la ciudad de San Cristóbal, un hecho que dejó como saldo la muerte de Ian Cabrera, un adolescente de 13 años, y marcó profundamente a toda la comunidad educativa.
El episodio, que generó conmoción a nivel provincial y nacional, también dejó a otros dos menores heridos con perdigones y a seis estudiantes con lesiones cortantes que sufrieron al intentar escapar del lugar en medio del pánico.
Por el hecho, fue aprehendido en el lugar un adolescente de 15 años, señalado como autor de los disparos, a quien se le secuestró el arma utilizada. Días después fue imputado, aunque su situación judicial está atravesada por su condición de no punible debido a su edad. Posteriormente, la investigación avanzó con la detención de otro menor, de 16 años, acusado como partícipe secundario, quien permanece con prisión preventiva en la Unidad Penal Juvenil de Las Flores.

Uno de los elementos que surgió en la causa fue la participación de los adolescentes en comunidades virtuales vinculadas al llamado “true crime”, especialmente a través de la plataforma Discord, lo que abrió nuevas líneas de análisis sobre los consumos digitales y su posible influencia.
En los días posteriores al ataque, las autoridades suspendieron las clases en la ciudad y se desplegaron operativos de contención para estudiantes, docentes y familias. El regreso a las aulas fue progresivo: primero volvieron alumnos de otras instituciones y, finalmente, el 16 de abril, los estudiantes de la Escuela 40 retomaron la actividad de manera gradual, en grupos reducidos y con turnos, priorizando el acompañamiento emocional.
Equipos interdisciplinarios trabajaron en la institución con el objetivo de generar espacios de diálogo y contención frente al impacto del hecho, en un intento por reconstruir la vida escolar en un contexto atravesado por el duelo y la violencia.

A un mes de la tragedia, el caso sigue en investigación mientras la comunidad de San Cristóbal busca recomponerse. El crimen de Ian Cabrera dejó al descubierto no solo la vulnerabilidad de los entornos escolares frente a episodios extremos, sino también la necesidad de fortalecer los dispositivos de prevención, acompañamiento y escucha para adolescentes.

