Por Ricardo Serruya
Hace un tiempo publicábamos una nota sobre los incendios de pastizales ocurridos en el norte de nuestra provincia que había puesto en peligro los edificios escolares y algunas viviendas de la localidad Santafesina de Los Amores.
En aquella oportunidad hablábamos con Elisabeth Maidana, directora de la escuela secundaria orientada 560 quién nos relató que el 25 de abril, un incendio iniciado en la Provincia de Chaco generó temor en la población cuando las llamas amenazaban la escuela primaria y secundaria, y la casa de los pobladores lo que obligó a que los mismos habitantes salieran a hacer frente al fuego con ramas mientras llegaban los bomberos viviendo una situación de zozobra comunitaria.
El hecho no es nuevo, en los últimos meses diferentes focos ígneos fueron originados en nuestra zona. Desde centros densamente poblados, como la ciudad de Santa Fe, podían y pueden verse distintas columnas de humos que denunciaban incendios generados intencionalmente: ¿la razón? generar pastura blanda para el ganado vacuno o convertir ecosistemas vivos, similares a montes, con malezas y arboles, en extensas parcelas que serán luego cultivadas y fumigadas.
En estos últimos días, el hecho fue nuevamente noticia: la quema de islas entrerrianas en el Delta del Paraná generó una columna de humo que nubló la vista y generó contaminación en el aire de la populosa ciudad de Rosario.
Las dimensiones del fuego fueron de tal intensidad que mereció la intervención de los gobiernos de las provincias de Entre Ríos, Santa Fe y del Ministerio de Ambiente de la Nación. Si bien todavía no hay cifras confiables de los territorios afectados ya que se tratan de parcelas muy fragmentadas, solo frente a la ciudad de Rosario, se calcula que más de 6000 hectáreas de islas entrerrianas fueron consumidas por el fuego. Basta mencionar que solo un día, el 14 de junio hubo casi 400 focos de incendios, lo que según el ambientalista Jorge Bartoli debiera ser recordado como una triste efeméride de record de incendio en todo el delta.
Bartoli integra el movimiento “El Paraná no se toca” un grupo de ciudadanos autoconvocados por amor al río que abogan por un uso sustentable de los humedales y califica estos incendios como “una verdadera catástrofe ambiental cuyas condiciones para que esto se siga produciendo no se han terminado…sin dudas hay una práctica social en el manejo del fuego en zonas de islas que tiene una matriz histórica vinculada a la cría de ganado. Esta crisis, este drama es una consecuencia de la desidia, el abandono y el desconocimiento que estos valiosísimos espacios naturales han estado sometidos durante décadas.”
Como bien dice Jorge Bartoli una de las causas por la que productores provocan estos incendios es para destruir el pajonal que no es consumido por el ganado vacuno y esperar que crezca la pastura, pero como ya se ha mencionado, también lo hacen para eliminar flora existente y transformar estos espacios en llanuras propicias para cultivar y sembrar fundamentalmente producciones transgénicas.
Hace un tiempo consultamos al Doctor en Ciencias Biológicas Maximiliano Attademo, Investigador Adjunto del CONICET, desarrolla su actividad en la facultad de Bioquímica y Ciencias Biológicas de la Universidad Nacional del Litoral, donde también es docente de la cátedra de Ecología General. Consultado sobre el tema no dudó en afirmar que la quema excesiva de pastizales no es buena “porque se quema todo ese mantillo fértil que tiene el suelo y que le da nutrición, además –agrega– elimina la fauna microbiana que tiene el suelo y que resulta fundamental para la formación de muchas enzimas encargadas de la transformación de energía y ciclado de nutrientes como la deshidrogenasa y/o ureasas, entre otras”
Bartoli coincide con Attademo y agrega que a la destrucción que sufre la tierra hay que agregar la afección de la biodiversidad “Hablamos de territorios cuyos paradigmas ambientales han cambiado en los últimos años –afirma el integrante de “el Paraná no se toca”– hoy se consideran a estos territorios como fuente de grandes beneficios ecosistémicos, como refugio de una enorme biodiversidad poco conocida. El daño es gravísimo
Tan grave es que algunos no dudan en denominarlo un ecocidio, término utilizado por el Tribunal de la Haya cuando sentenció así el accionar de la multinacional Monsanto envenenando a gran número de pobladores, el mismo Bartoli reconoce que “cuesta definir los límites de los términos, donde empieza y termina una catástrofe y un ecocidio pero estamos frente a una especie de ecocidio, dado la cantidad de territorios y especies afectadas. Por ejemplo en la zona de Rosario está desapareciendo especies que no conocimos ni mucho menos pudimos estudiarla.”
Los incendios vuelven a poner el tema en debate y como con tantas otras cuestiones ambientales hay una conjunción de responsabilidades: individuales y de los estados. Urge que se erradiquen estas costumbres y que se avance en legislar y de manera tal que se modifique la mirada sobe estos territorios, y se sancione a los a los responsables.
Algo –aunque no alcanza- se ha modificado. Los gobiernos de las provincias se inmiscuyen en la problemática y el Ministerio de Ambiente plantea considerar esta zona como territorio protegido, acciones que, según Bartoli, “…son bienvenidas, necesarias pero llegan tarde, ya que han sido analizadas en otros tiempos históricos y no han conducido a hechos concretos”. En una de las últimas intervenciones, el Ministerio conducido por Juan Cabandié sugiere crear un parque nacional en todos estos territorios, lo que no resultará sencillo teniendo en cuenta que son territorios vastos, por otra parte el mismo Jorge Bortoli aclara que “en términos modernos de conservacionismo tampoco es la decisión adecuada, hay que avanzar en áreas protegidas con injerencia nacional y acuerdos interprovinciales que tengan status de protección muy superiores a las que hay ahora conviviendo con algunas actividades económicas acordes a la preservación del ambiente”