El proyecto de Presupuesto 2027 presentado por el Gobierno ante el Congreso modificó de manera significativa las proyecciones de inflación que la administración de Javier Milei había planteado un año atrás. El nuevo escenario contempla una desaceleración más gradual de los precios y ubica recién en 2029 el momento en que la inflación anual perforaría el 10%.
Según las nuevas estimaciones oficiales, la inflación cerraría 2026 en 29%, mientras que para 2027 se proyecta una variación del Índice de Precios al Consumidor (IPC) del 18%. Para 2028, en tanto, la previsión es del 10%, y para 2029 se estima una tasa cercana al 6%.
El cambio es significativo respecto del Presupuesto 2026. En ese proyecto, el Gobierno había calculado una inflación del 10,1% para 2026 y del 6,9% para 2027, mientras que para 2028 había previsto un 3,7%.
De esta manera, la estimación para 2027 prácticamente triplicó la proyección realizada un año atrás y la llegada a una inflación de un solo dígito quedó desplazada.
Un proceso de desinflación más lento
La desaceleración de la inflación es uno de los ejes centrales del programa económico del Gobierno, junto con el equilibrio fiscal y el control de la cantidad de dinero en circulación.
El ministro de Economía, Luis Caputo, sostuvo en distintas oportunidades que el objetivo de largo plazo es lograr una convergencia de los precios hacia niveles internacionales. En ese esquema, la inflación funciona además como una de las principales variables para proyectar otros componentes del Presupuesto, como el gasto, los ingresos, los salarios y el tipo de cambio.
El nuevo cuadro macroeconómico no modifica formalmente el objetivo de reducir la inflación, pero sí reconoce un ritmo de descenso más lento que el previsto originalmente. El Gobierno ahora proyecta que el IPC se mantendrá en dos dígitos durante 2028 y recién bajará de ese nivel al año siguiente.
La modificación también contrasta con las expectativas expresadas por Milei después de las elecciones legislativas de 2025. En ese momento, el Presidente había estimado que la inflación comenzaría con cero hacia mediados de 2026 o, como máximo, en agosto de ese año.
Sin embargo, el escenario finalmente fue diferente. En agosto de 2026, el IPC registró una variación mensual del 1,7%, mientras que los precios mayoristas aumentaron 2,1%.
Qué esperan los analistas privados
Las estimaciones privadas también muestran un escenario más prolongado para el proceso de desinflación.
De acuerdo con un análisis de la consultora 1816 citado en el informe original, un año atrás el mercado esperaba una inflación del 10,7% para 2027, mientras que la proyección oficial era todavía menor, del 5,9%. Actualmente, las expectativas privadas ubican la inflación de 2027 en torno al 20,5%, frente al 18% proyectado por el Gobierno.
La consultora señaló que tanto el Gobierno como los analistas coinciden en que reducir la inflación desde niveles cercanos al 30% hasta un dígito está llevando más tiempo del previsto inicialmente.
En ese análisis también se destacó que, aunque la inflación interanual había descendido con fuerza desde los máximos registrados en 2024, el tramo final de la desaceleración presenta mayores dificultades.
Inercia y precios regulados
Entre las explicaciones sobre la persistencia de la inflación aparece la llamada inercia inflacionaria, vinculada a contratos y precios que se actualizan tomando como referencia la inflación pasada.
Camilo Tiscornia, director de la consultora C&T, señaló que algunos rubros de la canasta, como educación y salud, mantienen mecanismos de indexación que dificultan una reducción más rápida del IPC.
El economista también mencionó el impacto del contexto internacional, particularmente la evolución de los precios del petróleo y de materias primas como trigo, maíz y soja.
Según Tiscornia, si se mantiene el orden fiscal y monetario, la inflación debería continuar descendiendo, aunque consideró que el proceso puede desarrollarse de manera gradual.
Gonzalo Carrera, economista de Equilibra, coincidió en señalar el peso de los contratos indexados. Mencionó entre los sectores con mayor rigidez a alquileres, servicios de salud y telefonía, cuyos precios pueden continuar aumentando aun cuando la actividad económica se desacelere.
Carrera también apuntó al impacto de los precios internacionales y al aumento registrado en el valor de la carne, que tuvo incidencia sobre la inflación local durante los últimos meses.
El escenario internacional
Los analistas también incorporaron factores externos a la explicación de la trayectoria de los precios.
La evolución del petróleo y de otras materias primas puede trasladarse a distintos componentes de los costos internos. A esto se suma la posibilidad de una mayor volatilidad financiera si las tasas de interés internacionales permanecen elevadas.
Federico Machado, economista de LLZ, planteó además una interpretación diferente sobre la política monetaria y la acumulación de reservas. Según su análisis, la estrategia de emisión vinculada a la compra de reservas puede fortalecer al Banco Central y contribuir a reducir las tasas, pero al mismo tiempo hacer más lento el proceso de desinflación.
De este modo, las nuevas proyecciones oficiales plantean un escenario en el que la inflación continúa bajando, aunque a un ritmo más lento que el previsto en el Presupuesto presentado un año atrás. El objetivo de llegar a una tasa anual de un solo dígito quedó ahora ubicado en 2029.