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Ex alumno de Bergoglio: “Estoy impactado con esta noticia”

Juan Luis Correa es ex alumno del Colegio Inmaculada y Jorge Bergoglio fue su profesor en la década del ´60. Los recuerdos del paso del Papa Francisco por la ciudad.

21 de abril de 2025


La noticia de la muerte del Papa Francisco impactó al mundo y en Santa Fe, se reavivan el recuerdo del paso de Jorge Bergoglio por el Colegio Inmaculada como profesor entre 1964 y 1965. Fue maestrillo y profesor de lengua y literatura, incluso trajo a Jorge Luis Borges a la ciudad.

Juan Luis Correa, dialogó con Veo Noticias y recordó a su ex profesor Jorge Bergoglio y el legado del Papa Francisco: “Hoy estoy impactado con esta noticia, no por esperada deja de sorprenderte y entristecerte. Nosotros tuvimos la suerte de tenerlo a Jorge Bergoglio, en ese momento maestrillo jesuita, durante tres años como celador, profesor de filosofía y y letras. Era quien nos esperaba todas las mañanas, nos acompañaba a misa, desayunábamos juntos, nos acompañaba en la hora que teníamos de estudio.

Teníamos un contacto directo y fluido con él, fuimos amigos. Hoy, mirando hacia atrás, nosotros teníamos 16, 17 años, y Bergoglio, 27. Además de la relación profesor-alumnos, teníamos una cercana relación que nos marcó en la vida”, recordó Correa.

Con el paso de los años, mantuvieron el contacto, incluso fueron a almorzar con Bergoglio cuando era Arzobispo de Buenos Aires. Una vez que se convirtió en Papa, Francisco recibió en el Vaticano a varios de sus ex alumnos.

“Tuvimos la suerte muchos de los amigos de él, condiscípulos míos, de poderlo visitar en el Vaticano durante su papado”

En la autobiografía “Esperanza”, editada el mes pasado, el Papa Francisco le dedica un cálido texto a su relación con Jorge Luis Borges:

Admiré y estimé mucho a Borges, me impresionaban la seriedad y la dignidad con las que vivía la existencia. Era un hombre muy sabio y muy profundo. Cuando, con apenas veintisiete años, me convertí en profesor de Literatura y Psicología del colegio de la Inmaculada Concepción de Santa Fe, impartí un curso de escritura creativa para los alumnos y decidí mandarle, por mediación de su secretaria, que había sido mi profesora de piano, dos cuentos escritos por los chicos. Yo parecía aún más joven de lo que era en realidad, tanto que los estudiantes me habían puesto el apodo de Carucha, y Borges era, en cambio, uno de los autores más reconocidos del siglo xx. No obstante, mandó que se los leyeran —ya estaba prácticamente ciego— y además le gustaron mucho.

Lo invité incluso a dar algunas clases sobre el tema de los gauchos en la literatura y él aceptó; podía hablar de cualquier cosa, y nunca se daba aires. Con sesenta y seis años, se subió a un autobús e hizo un viaje de ocho horas, de Buenos Aires a Santa Fe. En una de aquellas ocasiones llegamos tarde porque, cuando fui a buscarlo al hotel, me pidió que lo ayudara a afeitarse. Era un agnóstico que cada noche rezaba un padrenuestro porque se lo había prometido a su madre, y antes de morir recibió los sacramentos.