En Vivo

La deuda de los hogares ya absorbe casi uno de cada cuatro pesos de los salarios

La carga mensual de los servicios de deuda de las familias llegó al 24,1% de la masa salarial, frente a menos del 9% dos años atrás. La morosidad de las personas físicas alcanzó el 16,1%, muy por encima de la registrada entre las empresas.

15 de agosto de 2026


El endeudamiento de los hogares argentinos creció con fuerza en los últimos dos años y comenzó a tener un impacto directo sobre el consumo. Según datos del Banco Central, los servicios mensuales de deuda de las familias ya representan el 24,1% de la masa salarial, cuando dos años atrás ese porcentaje era inferior al 9%.

El dato implica que casi uno de cada cuatro pesos generados en salarios está comprometido antes de llegar al circuito de consumo. Para las familias, significa un menor margen para afrontar gastos cotidianos; para las empresas, un mercado interno con una capacidad de compra más limitada.

El deterioro también se refleja en los niveles de morosidad. La tasa correspondiente a las personas físicas llegó al 16,1%, mientras que entre las empresas se ubicó en el 3,5%. En dos años, además, la cantidad de deudores en situación irregular pasó de 2,4 millones a 5,8 millones.

Más deuda para cubrir gastos cotidianos

El destino del financiamiento es uno de los aspectos que más preocupa en el análisis del endeudamiento. Un relevamiento de Zentrix señala que el 62% de los argentinos tomó algún tipo de deuda y que, entre ellos, el 53,7% lo hizo para afrontar gastos corrientes, como alimentos y servicios.

En cambio, apenas el 11,5% utilizó el crédito para adquirir bienes durables.

La diferencia resulta relevante porque una deuda destinada a comprar un bien puede estar respaldada por un activo. En cambio, cuando el crédito se utiliza para cubrir gastos básicos, no existe esa contrapartida y la capacidad de repago depende principalmente de la evolución de los ingresos.

El mismo relevamiento indica que dos de cada tres personas agotan sus ingresos antes del día 20 de cada mes, mientras que apenas el 9,3% llega a fin de mes con capacidad de ahorro.

El mayor nivel de mora está fuera de los bancos

Otro de los puntos destacados es dónde se concentra el deterioro. La morosidad alcanza el 30,3% en entidades no bancarias, más de cuatro veces el nivel registrado en los bancos regulados.

Este segmento presenta menores exigencias de capital y previsiones y una menor disponibilidad de información sobre los deudores, lo que dificulta dimensionar el riesgo.

La situación también presenta diferencias según la edad. Entre las personas de 18 a 39 años, el 35,8% habría recurrido a financieras informales, de acuerdo con el relevamiento citado.

Aunque parte de este endeudamiento se encuentre fuera del sistema bancario tradicional, el problema puede terminar repercutiendo sobre las entidades reguladas. Un hogar que entra en incumplimiento en el circuito informal también puede tener dificultades para afrontar préstamos, tarjetas u otras obligaciones bancarias.

El impacto también llega a las empresas

El aumento del endeudamiento de los trabajadores tiene consecuencias que exceden al sistema financiero y llegan a las empresas a través de la administración de los salarios.

Una de ellas es el incremento de los pedidos de adelantos de haberes. Una herramienta que habitualmente se utilizaba de manera excepcional puede convertirse en un recurso frecuente para trabajadores que necesitan cubrir gastos antes de finalizar el mes.

A esto se suman los embargos derivados de procesos por deudas. En esos casos, las empresas deben aplicar las retenciones correspondientes sobre los salarios y cumplir con los requerimientos judiciales, lo que genera nuevas tareas administrativas.

Otro efecto menos visible se relaciona con la movilidad laboral. Un trabajador con buena parte de sus ingresos comprometidos puede tener menos margen para cambiar de empleo, negociar condiciones o afrontar períodos sin ingresos. Una menor rotación, en ese contexto, no necesariamente implica una mayor satisfacción laboral, sino que puede estar vinculada con restricciones financieras.

La desinflación no alcanza para recomponer el ingreso

El escenario se produce en un contexto de desaceleración de la inflación. El IPC registró una variación del 2,1% en julio y acumuló un 19,3% en lo que va del año, lo que permite una mayor previsibilidad para empresas y consumidores.

Sin embargo, la reducción de la inflación no implica por sí misma una recuperación del poder adquisitivo perdido. La evolución de los salarios depende también de las negociaciones paritarias y de la situación del empleo.

A esto se suma que la informalidad laboral se mantiene en niveles elevados, lo que deja a una parte importante de los trabajadores fuera del acceso al crédito bancario tradicional y los acerca a alternativas de financiamiento más costosas.

En ese contexto, el crédito puede funcionar como una herramienta para sostener el consumo cuando los ingresos no alcanzan. Pero cuando el endeudamiento ocupa una proporción cada vez mayor del salario, ese mecanismo pierde capacidad de expansión.

Con el 24,1% de la masa salarial comprometida en el pago de deudas, el margen para continuar sosteniendo el consumo mediante nuevo financiamiento se reduce. El efecto puede trasladarse progresivamente desde los hogares hacia el comercio y, posteriormente, hacia las industrias que dependen de la demanda interna.