La enfermedad se caracteriza por niveles elevados de glucosa en sangre debido a problemas en la producción o en la acción de la insulina. En el caso de la diabetes tipo 1, el sistema inmunológico destruye las células del páncreas encargadas de producir esta hormona, por lo que las personas diagnosticadas necesitan recibir insulina de manera permanente.
El diabetólogo Gabriel Lijteroff, jefe de Diabetología del Hospital Santamarina, remarcó que la predisposición para desarrollar diabetes tipo 1 está presente desde el nacimiento. Sin embargo, contar con esa susceptibilidad genética no significa necesariamente que la enfermedad vaya a manifestarse.
Entre las señales que pueden aparecer se encuentran una sed excesiva, necesidad frecuente de orinar, hambre intensa, pérdida de peso sin explicación, cansancio y visión borrosa. En algunos casos, los síntomas pueden instalarse rápidamente, especialmente cuando se trata de diabetes tipo 1.
La situación es diferente en la diabetes tipo 2, que suele avanzar de manera más silenciosa. Según información del Ministerio de Salud, pueden pasar años sin síntomas claros y el diagnóstico puede surgir a partir de un análisis de sangre realizado por otro motivo.
Por eso, los controles médicos periódicos resultan fundamentales, en particular cuando existen antecedentes familiares u otros factores de riesgo. La detección temprana permite iniciar el tratamiento y adoptar medidas para reducir el riesgo de complicaciones.