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Femicidio en Corrientes: investigan el crimen de una adolescente de 16 años y hay dos menores imputados

Cecilia Emilce Lazcano fue atacada durante la madrugada del 16 de julio en Alvear. La investigación comenzó como un supuesto suicidio, pero la autopsia y distintas pruebas llevaron a la Justicia a investigar un homicidio. Un compañero de colegio de la víctima, de 16 años, está acusado como autor material y su novia, de 17, fue imputada como coautora.

01 de septiembre de 2026


La investigación por el crimen de Cecilia Emilce Lazcano, una adolescente de 16 años asesinada en la localidad correntina de Alvear, sumó nuevas pruebas y derivó en la imputación de dos menores de edad.

El hecho ocurrió durante la madrugada del 16 de julio, cuando la adolescente fue encontrada gravemente herida en inmediaciones de una antigua estación de tren. En un primer momento, los investigadores analizaron la posibilidad de un suicidio, pero la autopsia y las evidencias reunidas posteriormente orientaron la causa hacia un homicidio.

Según la investigación, Cecilia había pasado la noche del 15 de julio en la casa de una amiga. Cerca de las 3 de la madrugada salió del lugar luego de decir que se encontraría con un chico.

Poco después, una vecina escuchó golpes en la puerta de su vivienda y encontró a la adolescente gravemente herida. Cecilia presentaba una profunda lesión en el cuello que le impedía hablar. Fue trasladada inicialmente a un hospital local y luego derivada a un centro de salud de Santo Tomé. Murió durante el traslado hacia la ciudad de Corrientes.

La autopsia determinó que la muerte se produjo por lesiones vasculares y viscerales en el cuello provocadas por un elemento con filo. También presentaba cortes en las muñecas, una de las razones por las que inicialmente se había considerado la hipótesis de un suicidio.

Las pruebas que llevaron hasta un compañero de colegio

A partir de las primeras averiguaciones, los investigadores establecieron que Cecilia había acordado encontrarse con un joven de 16 años, identificado como J. G., quien asistía al mismo colegio.

Cuando fue entrevistado, el adolescente inicialmente negó haber estado con Cecilia. Sin embargo, al revisar su teléfono, los investigadores detectaron que había eliminado conversaciones con la víctima.

Más tarde, reconoció que había acordado encontrarse con ella en la antigua estación de tren de Alvear, un lugar frecuentado por adolescentes de la zona.

En el lugar fueron encontrados una campera negra con manchas de sangre, dos llaves, fragmentos de vidrio y una importante mancha de sangre dentro de una de las habitaciones de la construcción abandonada.

El análisis de las cámaras de seguridad también resultó clave para reconstruir parte de la secuencia. Las imágenes muestran a Cecilia saliendo de la casa de su amiga durante la madrugada y, minutos después, caminando junto a J. G., quien llevaba un buzo gris y una pala.

La investigación sostiene como hipótesis que el adolescente habría llevado a Cecilia hasta ese lugar mediante un engaño. Sin embargo, el móvil del crimen todavía no fue establecido.

Días después del ataque, un tío de la víctima entregó a la Policía una pala que había encontrado en las inmediaciones de la estación. El objeto quedó incorporado a la investigación. Además, el 25 de julio fue encontrado el teléfono celular de Cecilia, a unos 200 metros del lugar donde se produjo el ataque.

Los chats que complicaron al principal acusado

El análisis del teléfono de J. G. aportó nuevos elementos a la investigación. Los investigadores encontraron conversaciones entre el adolescente y su novia, N. L., de 17 años.

De acuerdo con la causa, algunos de esos mensajes fueron enviados antes y después del ataque y son considerados relevantes para determinar si existió una planificación previa.

En uno de los intercambios, fechado el 14 de julio, la joven le habría preguntado a su novio si al día siguiente iba a hacer aquello que habían hablado. El adolescente respondió que ya estaba todo preparado.

Luego del ataque, siempre según la investigación, J. G. le escribió a su novia y reconoció haber cometido la agresión. En esos mensajes también manifestó que Cecilia continuaba con vida y pidió ayuda.

El contenido de las conversaciones es analizado por la Justicia como parte de la evidencia para determinar el grado de participación de cada uno de los acusados.

La detención de los sospechosos

El 2 de agosto, el fiscal Facundo Cabral ordenó la detención de J. G. al considerar que existían riesgos de fuga y de entorpecimiento de la investigación.

Durante el procedimiento se secuestraron cuadernos, cartas, anotaciones y otros elementos considerados de interés para la causa. Según fuentes judiciales, los escritos tenían contenido místico y referencias bíblicas, pero no eran de carácter sexual.

El adolescente fue imputado por homicidio agravado por ensañamiento y alevosía, en calidad de autor material.

Inicialmente permaneció alojado en la Alcaidía de la Unidad Regional Quinta. Posteriormente, el 11 de agosto, la Justicia dispuso su institucionalización provisoria por un año en el Centro de Contención Juvenil de Corrientes, donde recibe asistencia psicológica, psiquiátrica, educativa y familiar.

En tanto, la Justicia correntina imputó a N. L., de 17 años, como coautora de homicidio agravado por alevosía. La adolescente cumple prisión domiciliaria, mientras su teléfono también fue secuestrado para ser sometido a peritajes.

Qué hipótesis investiga la Justicia

Una de las principales líneas de investigación apunta a que J. G. y Cecilia habrían mantenido algún tipo de vínculo y que N. L. podría haber intervenido en la planificación del ataque.

Sin embargo, los investigadores también analizan la posible participación de una tercera persona.

En los mensajes intercambiados entre la pareja aparece mencionado un joven identificado como M. Luego del ataque, J. G. habría manifestado temor por una posible reacción de esa persona y aseguró que podía intervenir para solucionar la situación.

Por el momento, la Justicia no pudo establecer quién es ese tercero ni acreditar su participación en el crimen.

La investigación continúa con el análisis de teléfonos celulares, cámaras de seguridad y otras pruebas para determinar cómo fue planificado el ataque, cuál fue el móvil y qué responsabilidad tuvo cada una de las personas involucradas.