El mapa de las comidas de los santafesinos y de todos los argentinos viene experimentando un fuerte rediseño. Ante una caída histórica en el consumo de carne vacuna que se prolonga desde hace meses, los hábitos alimenticios se volcaron de lleno hacia otras opciones. El pollo pasó de ser un simple sustituto de emergencia a consolidarse como la principal alternativa en la mesa diaria, consolidando un aumento en las ventas que llama la atención de las carnicerías y bocas de expendio.
Carlos Sinesi, director ejecutivo del Centro de Empresas Procesadoras Avícolas (Cepa), confirmó esta marcada tendencia de consumo. “Depende del año puede ser que se consuma más carne vacuna que de pollo, pero ya prácticamente están iguales”, destacó el directivo, quien además sumó factores vinculados a la salud, la sustentabilidad y la facilidad de preparación como los grandes argumentos del pollo para ganar adeptos, más allá de la brecha económica.
De 22 a 50 kilos por año: una industria que duplicó su presencia
Las estadísticas que maneja el Cepa reflejan de manera clara este fenómeno sociocultural y económico. En la Argentina actualmente se consumen en promedio unos 50 kilos de pollo per cápita por año. Tras haber cerrado el 2025 con una marca de 49,5 kilos, las proyecciones para este año apuntan a consolidarse en los 50 o incluso 51 kilos por habitante.
La evolución histórica muestra un salto sumamente drástico:
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Año 2000: Se consumían apenas 22 kilos por persona al año en un mercado nacional dominado por el ingreso de producción desde Brasil.
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Año actual: El consumo se duplicó ampliamente gracias a planes estratégicos de producción interna que despertaron a la industria. Hoy el país genera dos millones y medio de toneladas de pollo al año, reduciendo las importaciones a un porcentaje mínimo.
La pechuga se adueña del mercado con opciones para todos los bolsillos
Otro dato llamativo que expuso el director de Cepa es el cambio de preferencia en los cortes. Durante años, la pata muslo fue la opción predilecta de las familias. Sin embargo, en la actualidad, la pechuga le ganó por completo el territorio a los otros cortes y se transformó en la favorita para elaborar las comidas cotidianas, fundamentalmente en las milanesas.
“Hoy hay productos de pollo para todos los bolsillos”, graficó Sinesi para explicar el incremento de las ventas generales en un contexto de bolsillos debilitados, remarcando que las pollerías ofrecen variantes que van desde las alas —el corte más económico— hasta las valoradas pechugas deshuesadas, permitiendo que el producto se adapte a los distintos presupuestos familiares casi todos los días.


