La actividad económica en la provincia de Santa Fe registró en febrero una leve mejora mensual, aunque el panorama general continúa marcado por el estancamiento. Así lo indica el último informe del Índice Compuesto Coincidente de Actividad Económica (ICA-SFE), elaborado por la Bolsa de Comercio de Santa Fe.
De acuerdo al relevamiento, el indicador mostró una variación positiva del 0,1% respecto de enero, lo que permitió recortar la caída interanual al 1,2%. A pesar de este dato favorable, el informe advierte que todavía no hay señales claras de un cambio de tendencia en la economía provincial.
El estudio señala que seis de los ocho componentes del índice registraron subas mensuales —en su mayoría leves—, con un impulso destacado del consumo de bienes durables. En este rubro, el patentamiento de vehículos nuevos creció 2,6% en el mes, mientras que el consumo de cemento avanzó 2,2%, aunque ambos indicadores aún se mantienen por debajo de los niveles del año pasado.
También se observó una mejora moderada en las ventas de supermercados, con un incremento del 0,4% mensual, aunque en la comparación interanual la caída alcanza el 3,3%. En paralelo, el empleo registrado mostró una suba leve del 0,1%, sostenida principalmente por el sector público, mientras que los salarios reales permanecieron prácticamente estancados y acumulan una pérdida del 2,7% en el último año.
Entre los datos negativos, el informe destaca una fuerte caída en la demanda laboral, que se retrajo 5,8% en febrero y más de 17% en términos interanuales, reflejando la debilidad de las expectativas empresarias.
En el sector industrial, en tanto, se registraron señales mixtas: la producción creció levemente (0,3% mensual) y se ubicó por encima del nivel de un año atrás, mientras que otros indicadores muestran una recuperación gradual, aunque todavía lejos de sus máximos recientes.
En su síntesis, la Bolsa de Comercio advierte que, si bien febrero dejó algunos signos positivos, estos resultan insuficientes para revertir el cuadro general. El informe describe un proceso de salida “lenta y heterogénea”, condicionado por la debilidad del consumo, el mercado laboral y el contexto macroeconómico.


