La paciencia de los vecinos de barrio Los Hornos llegó a su límite. En la zona de Goberador Freyre al 6200, la comunidad se encuentra en un estado de alerta constante debido a una seguidilla de hechos delictivos que se repiten a diario.
Esta mañana, la víctima fue Patricia, propietaria de un taller de costura, quien al intentar abrir su negocio se encontró con una desagradable sorpresa. “Vi que la ventanita de la puerta estaba abierta. Supongo que con un gancho o algo me robaron todas las bolsas de ropa para arreglar: camperas para cambiar cierres y pantalones”, relató con angustia en diálogo con el móvil de Veo Noticias.
Sin embargo, el caso de Patricia está lejos de ser un hecho aislado. Según denuncian en el barrio, la situación se tornó insostenible en el último mes y medio.
Inversiones millonarias en seguridad que no logran frenar los robos
Los vecinos describieron un panorama donde las rejas, las cámaras y los boyeros eléctricos ya no son suficientes para disuadir a los delincuentes, quienes demuestran conocer a la perfección los movimientos de cada propiedad.
-
Comercios desvalijados: A la dueña de una dietética cercana le rompieron las instalaciones y le sustrajeron la balanza comercial.
-
Clubes barriales damnificados: Delincuentes saltaron por los techos de una institución deportiva de la zona en tres oportunidades para robarse los quemadores, obligando a las autoridades a cerrar todo el predio y colocar pinches de seguridad.
-
Cámaras en vivo pero sin efecto: Una vecina de la vuelta sufrió el robo de su bicicleta a través del tapial el mismo día que instaló las cámaras de seguridad. “Vio toda la secuencia pero no pudo hacer nada”, lamentó Patricia.
“Termino de poner una reja y tengo que poner otra. Yo en mi casa sufrí tres robos en el último tiempo. Termino de comprar las mallas cima para cerrar el pasillo y ahora me roban por la ventana del taller. Todo sale una fortuna”, graficó la costurera.
La marca del “palo de escoba” y la impunidad a plena luz del día
La modalidad delictiva se caracteriza principalmente por la presencia de “rateros” que se llevan lo que encuentran a mano en patios, pasillos o veredas. Lo más alarmante para los vecinos es que los delincuentes ya no respetan horarios.
“A uno de mis alumnos le abrieron la puerta de la reja y le llevaron la bicicleta a las cuatro de la tarde, en plena clase. Tuvimos que salir corriendo los dos como loquitos para recuperarla. Otro día me entraron a las ocho menos diez de la noche. No hay horario”, detalló la víctima.
Patricia además reveló una llamativa sospecha que apunta a que los ataques podrían estar dirigidos por la misma persona, basándose en un particular modus operandi: un trozo de madera que aparece de manera recurrente en las escenas.
-
El primer día que intentaron ingresar a su casa, le rompieron el picaporte y dejaron un palo de escoba quebrado en la puerta.
-
Cuando le robaron una silla del patio, encontró el mismo elemento quebrado en el piso.
-
Días atrás, una vecina la alertó sobre un sospechoso. Al cruzárselo, Patricia notó que el hombre llevaba un pedazo de escoba cortado en la mano. Minutos después, el sujeto le robó la bicicleta a otra residente y dejó la madera tirada en la vereda.
Vecinos desprotegidos en una zona donde hacen lo que quieren
Al ser consultada sobre la presencia policial en la zona de Gobernador Freyre al 6200, la entrevistada señaló que no se percibe un despliegue importante ni efectivo en el sector.
“La verdad no se ve demasiado patrullaje. Acá hacen lo que quieren y entran donde quieren. A todos los vecinos de esta cuadra en algún momento les robaron algo”, concluyó con indignación, reflejando el desamparo de un barrio que exige respuestas urgentes antes de que la situación pase a mayores.


