Martín Cienfuegos es un vecino de Santo Tomé a quien el 24 de diciembre de 2020 le cambió radicalmente la vida. El coronavirus tocó a su puerta justo en Nochebuena, cuando recibió los resultados de su hisopado con un temido “positivo”. A partir de allí, el calvario para él y su familia. Estuvo en coma inducido y hoy, ya en su hogar y junto a su esposa Claudia, charló con Veo Noticias sobre lo que le tocó vivir.
“El 24 de diciembre a las 19 me dicen que soy positivo, venía con tos y fiebre, así comenzó todo. El 29 comencé con más problemas para respirar y fui al sanatorio Americano, desde ahí no recuerdo más nada. Según el seguimiento, el 4 de enero fue trasladado al Hospital Cullen y luego me indujeron al coma”, contó.
Claudia relató que ella también tuvo covid pero leve y que “fue un golpe fuerte, porque venía todo bien hasta la mañana del 4 de enero, cuando me llamaron para decirme que lo indujeron al coma. Allí el médico me dijo que las posibilidades de vida era de un 20%, me dijeron que si lo trasladaban al Cullen esas posibilidades aumentaban a un 40 o 50 por ciento, así que se hizo”.
Martín afirma que “nunca tuve nada, era totalmente sano, me gusta hacer deporte, salir a caminar, en el trabajo me cuidaba, al igual que cuidábamos a la familia. Esto quiere decir que cualquiera se puede contagiar y que los disparadores de lo que te puede pasar nadie lo sabe. Uno escuchaba cosas y lo mío fue distinto”.

“No recuerdo nada, lo último fue cuando Claudia me deja en el sanatorio el 29 de diciembre por la noche. Cuando desperté intereactuaba con los médicos y luego empecé a preguntarme dónde estaba, no me decían qué me habían hecho pero me iban diciendo qué día era y dónde estaba. Un día ella llegó y me ve despierto y fue una sorpresa”, expresó.
“Hubo mucho tiempo en que no podía hablarle ni tocarlo, ese sábado cuando lo vi con los ojos abiertos fue de una alegría enorme”, dijo la mujer.
Martín explicó que adelgazó mucho y perdió su masa muscular, “regresé hace cuatro semanas y ahora tengo un plan de alimentación, viene un kinesiólogo todos los días, llegué en un sillón de ruedas, pasé a un andador y ahora camino por mi propia cuenta pero no hago tramos muy largos, me vengo recuperando bien, neurológicamente no que quedó nada y eso es importante”, sostuvo.
“Estuvo en el mejor lugar, el Cullen tiene a los mejores profesionales y aparatos, y dios hizo una parte muy importante”, manifestó su esposa.


