Un informe elaborado por Argentinos por la Educación mostró que Argentina se encuentra en niveles intermedios de cobertura educativa en el nivel inicial dentro de América Latina, aunque mantiene fuertes desigualdades sociales en el acceso a la escolarización temprana.
El trabajo, titulado “Cobertura del nivel inicial: una comparación entre países de la región”, analizó datos de Argentina, Chile, México, Perú y Uruguay a partir de encuestas de hogares correspondientes a 2024.
Según el relevamiento, Argentina registra una tasa de asistencia al nivel inicial del 83% entre niños de 3 a 5 años, el mismo porcentaje que Perú y apenas un punto por encima de Chile. Uruguay encabeza el ranking regional con un 93%, mientras que México presenta la cifra más baja, con 78%.
Sin embargo, el estudio advierte que las diferencias socioeconómicas continúan marcando el acceso a la educación temprana. En Argentina, la asistencia al jardín alcanza al 74,8% de los niños del quintil más pobre, mientras que en el sector de mayores ingresos asciende al 89,8%, lo que representa una brecha de 15 puntos porcentuales.
La situación se vuelve más crítica entre los niños de 3 años. Allí, apenas el 41% de los chicos pertenecientes a hogares de menores ingresos asiste al nivel inicial, el porcentaje más bajo entre los países analizados para ese segmento social.
El informe también destaca que Argentina fue uno de los países que más avanzó en la última década en materia de cobertura educativa para la primera infancia. Entre 2014 y 2024, la asistencia de niños de 3 años pasó del 40% al 55%, mientras que en la sala de 4 años el crecimiento fue del 75% al 91%.
A pesar de esa mejora, los investigadores señalan que el principal desafío sigue siendo ampliar el acceso para los sectores más vulnerables y para los niños más pequeños, especialmente en edades tempranas donde todavía persisten importantes desigualdades.
El trabajo remarca además la importancia de la educación inicial en el desarrollo cognitivo, emocional y social de los niños, y sostiene que la escolarización temprana tiene efectos positivos que pueden extenderse hasta la vida adulta, especialmente en contextos desfavorables.


